Capítulo 147 de "El País de Mis Sueños" (Publicando borradores)
En el que ni la inteligente ni agraciada protagonista descubre que, junto con los nervios y la paciencia, está perdiendo la cordura.
[Dormitorio pequeño. Una cama desecha, el escritorio lleno de papeles, varios vasos, algún plato y algún cuenco repartidos por todos lados. En el alféizar de la ventana unos cuantos libros de clase y hojas sueltas de cuaderno]
La voz de su madre despierta a Egoime por sexta vez en la noche. Casi se alegra de poder tener una excusa para levantarse.., no ha pasado una noche demasiado agradable.
Repentinamente, su cabeza toma conciencia de el día que tiene por delante... el día de las notas.
Se muerde el labio inferior con nerviosismo: éste es uno de los días que más detesta de este curso -no así de los anteriores-, precedido apenas por la excursión a la escuela de artes y el día de la presentación. Pero por lo menos, es el último, susurra su resignada conciencia.
La mañana empieza muy mal, lo cual era de esperar. Esta semana no tanto, pero la anterior había sido desastrosa, con pequeñas y estúpidas cumbres en su malestar. Cumbres reflejadas en actos como haberse perdido el último capítulo de FullMetal Alchemist, recibir como respuesta un "¿y qué?, ¡no esperarás que se joda toda la clase por ti!" a una queja de ser una de las dos personas que no asistirían a la cena de fin de curso, pasarse todo el viernes subiendo y bajando las escaleras en su acoso a distintos profesores suplicando un aprobado, y equivocarse al leer las listas de admitidos en Bachiller en el instituto al que piensa ir el próximo año, pensando que se ha quedado sin plaza. Y no es que haya sido una gran seguidora de la serie, ni le interese asistir a una cena con gente a la que no saluda al cruzarse en la calle, sabe que subir y bajar continuamente corriendo conlleva la ventaja de quemar unas cuantas calorías, y da igual que le den plaza, dadas sus probabilidades actuales de pasar a bachiller sabe que más le vale dejar de pensar en qué instituto lo hace, y centrarse en aprobar el curso en el que está..., pero se consuela pensando que son sólo catalizadores del estrés de la semana, y no las verdaderas causas.
Se levanta. Tiene tiempo de sobra, pero lo gasta escribiendo. Con prisas se ducha, se viste, desayuna, y entra en histeria al darse cuenta de que no tiene dinero para coger el autobús. Se muerde el labio de nuevo.. ¿cómo va a ir al instituto?.
Entra a recoger el baño, con la música en el salón a todo volumen, mientras busca un modo de ir a clase. Entonces entra alguien a casa... ¡¡Su hermano!!. No le hace especial ilusión verle, pero quizá le pueda prestar dinero...
No. No tiene.
Mierda.
Carga los libros en la mochila y sale a la calle: ya decidirá una vez allí cómo ir hasta el instituto.
Andando no, desde luego. Llegaría a la hora de salir.
Pasa el autobús de línea, y no puede subir por la falta de billete.
Misteriosamente, pasa también el autobús escolar, que pocos esperaban que se presentase. Debido a la sorpresa, es incapaz de correr hasta él y subir.
Debería haberme bajado con Cristina. La idea le mortifica. El SMS de la noche anterior era una clara señal..
Histérica, llama a su padre suplicándole que le lleve en coche: él ignora la petición, tiene que ir al médico. [Se ve desde lejos a Egoime gritar hacia su móvil. Aparece entonces una imagen de su padre, alejándose el teléfono de la cara. Sus compañeros de trabajo se ríen comentando el histerismo de la joven Egoime]
Vuelve a casa y entre gritos, convence a su hermano de darle un euro. Sale corriendo a la parada, a pesar de que ya a perdido el autobús. El siguiente sale.. tras unos calculos rápidos, se da cuenta de que es imposible que llegue a tiempo a clase.. No sería un problema de ir sólo a por las notas, pero también tiene que reclamar a diversos profesores y devolver el cuaderno de Sociales a una compañera...
Espera al autobús con resignación, escuchando música para evadir los nervios. ¿Cuáles serían las canciones de este año?, se pregunta. Sus canciones del año.. una idea que le ronda por la cabeza desde hace una semana, más o menos. De este curso hay algunas que le resultarán imposibles de olvidar. Por ejemplo.. aquella de Sistem Of a Down que escuchaba aquel viernes de diciembre, cuando el profesor le pilló escuchando música en clase. Las de Non Servium que le acompañaban en las frías mañanas al instituto, cuando perdía voluntariamente su autobús y tenía que ir andando. Algunas de Saratoga que sonaron en sus oídos en clase de inglés; aquella de Wacry que, por un fallo del mp3, acabó escuchando toda la clase cuando intentaba poner música "de incógnito" en dibujo... y dos que recordará durante bastante tiempo, "El final del cuento de Hadas", que durante varias noches de estudio le ayudó a no dormirse antes de tiempo, y "Chico Problemático", que parecía dar final a la primera noche del viaje de fin de curso, y sólo hizo de interludio.
El autobús viene y ahuyenta sus pensamientos.
Se encuentra con dos compañeros del autobús escolar. Se pregunta si debe saludarles, pero sus prisas y estrés responden por ella. Si les saluda, se pondrán a hablar. Si se ponen a hablar, irán andando juntos al instituto. Si van andando juntos, tardarán el doble.. y eso no se lo puede permitir.
En el camino a clase algunos le saludan o le pregunta por las notas: ella les ignora, o les contesta que aún no las ha visto, y se va sin preguntar cómo les ha ido a ellos. En un rato se arrepentirá, ése no es modo de ir por la calle...
Encuentra en la puerta del instituto a aquella chica a la que tiene que devolver el cuaderno: se lo entrega y se va rápidamente.. sin decir ni un triste "gracias". Hoy está demostrando todos sus buenos modales, sí señor..
Al entrar se dirige a las listas que cuelgan en la pared, según las cuales, la entrega de notas de su clase es en el Laboratorio de Idiomas. Sin embargo, llega media hora tarde, y es posible que su profesor no esté allí... Por ello da un rodeo antes de ir al Laboratorio, pasando por jefatura. Su tutor no está allí, aunque sí hay una treintena de profesores. Varios de ellos le saludan y le preguntan por las notas: ella contesta con evasivas.. Sabe que lo hacen únicamente por educación -los profesores- y por cotilleo -algunos alumnos-, pero no soporta tener que estar contestando continuamente a una pregunta a la que ella misma da tan poca importancia.
El profesor está en clase. Él no le pregunta por las notas, por suerte las tiene en las manos: se limita a averiguar si llevas todos los libros. Coge tu boletín de notas. Antes de entregártelo a ti, le echa un vistazo él. "Te quedan dos- murmura-. Lengua y...". "Matemáticas", contestas tú con tono de cansancio. Llevas dos semanas con esas dos asignaturas en la lengua, no hay día que no las pronuncies. Estás harta. "No, lengua y dibujo", replica él.
Te quedas asombrada. ¿Lengua y dibujo?. Lo primero que te viene a la cabeza es el examen de recuperación de matemáticas, por supuesto. Tuviste un mal día y lo suspendiste, ¿cómo es posible que...?. Entonces piensas en dibujo, y sabes que es un error, la deberías tener aprobada. Antes de que descubras dónde está el fallo, el profesor continúa.
"Ah, no, son tres. También matemáticas".
Se te cae el mundo encima. ¿¿Tres??. No puede ser...
Lengua y mate, por supuesto, te las esperabas, y las habías aceptado. Y sabías que podías con ellas. Pero si le añades otra.. es demasiado para ti.
Murmuras, o más bien gritas entre dientes, unas palabras en contra del profesor de dibujo. Tu tutor te mira con malos ojos y te pide que dejes de faltar a respeto a Valentín, como muchos otros harán a lo largo de la mañana. Te ayuda a meter en una bolsa de basura todos los libros que debes devolver al instituto, dice que te quedes con el de lengua, el de mate y el de dibujo. Entonces te das cuenta de que ni siquiera tienes libro de dibujo... La última vez que lo viste fue.. en septiembre. Te sugiere que vayas a hablar con Valentín a preguntar el motivo del suspenso, todavía estás en el período de reclamación. Le agradeces todo y, furiosa, bajas las dos plantas que te separan de la sala de profesores.
En la esquina de secretaría está Eva. Fiel a su nueva idea de intentar ser más amable y educada, Egoime le contesta a las preguntas típicas["¿qué tal?" y "¿Cuántas te han quedado?"], y le pregunta a ella lo mismo. Y de repente sucede algo horrible.
Egoime se pone a llorar.
En realidad son dos lágrimas contadas, fruto de la desilusión y el esfuerzo invertido en la asignatura de Plástica, esfuerzo inútil, por lo que se ve. Sin embargo, no tiene por costumbre llorar. Nunca. No. Recuerda perfectamente la última vez que lo hizo... 19 de abril, 2:33 de la madrugada, tres lágrimas contadas ahogadas rápidamente con un trozo de papel, disimuladas en parte, gracias a la penumbra de una habitación oscura. Se pregunta cuál es el motivo de que haya sido incapaz de reprimir las lágrimas, como ha hecho en las excasas ocasiones en las que ha sentido ganas de llorar.. Luego se pregunta por qué debe contenerlas. ¡A la mierda!, tiene derecho de llorar, se recuerda. Y de gritar, pero eso no lo va a hacer, aún no.
Mientras Eva le cuenta sus propios problemas -en sus notas pone que aún tiene suspenso el francés de segundo, a pesar de que aprobó la recuperación-, viene F. e interroga a ambas sobre el tema de siempre, luego añade sus propias desgracias. Egoime desea suerte a ambas, y continúa hacia la sala de profesores. Por el camino lee la "dedicatoria" que han añadido en las notas los profesores de sus tres asignaturas suspensas.., la lista de tareas para aprobar lengua son aterradoras. ¡¡¡Poner al día el cuaderno!!!..., ¡venga ya!, ¿¿de dónde saca un cuaderno ella a estas alturas??... ni siquiera hacían actividades del libro, todas salían de la imaginación de la profesora.. Mucha memoria va a tener que hacer...
Con los nervios torturándola llega a la puerta de la Sala de Profesores. Ahí dentro está el cabrón de Valentín... pero otro ser se ha puesto por delante: su profesora de lengua. La profesora de lengua que dice en las notas que ha abandonado la asignatura (¿¿abandonarla??.., no puedes abandonar algo que nunca has empezado.. ¿no? En ningún momento abandonó la asignatura.. sólo que no la entendía), que tiene que comprarse un libro extraño para poder aprobar, y poner al día un cuaderno que hace seis meses que dejó de existir.
No piensa dejar pasar la oportunidad de dejar claras sus opiniones respecto a todo lo que ha escrito su profesora en el anexo a las notas. No servirá de nada, y lo sabe, pero quiere desahogarse.
En cuanto dos de sus compañeros se despiden de Teresa tras consultarle sus dudas, Egoime le pregunta si tiene un segundo. Empieza con sus quejas.. Enseguida la profesora le pide que no le hable de ese modo, y le dice que si no se tranquiliza, ella se niega a seguir hablando. Egoime, presa de los nervios, vuelve a llorar. Y esta vez no son tres lágrimas precisamente...
La profesora le dice que vayan a hablar a alguna sala vacía. Primero mira los sillones de Jefatura, pero no hay bastante privacidad: continuamente pasan profesores y alumnos exaltados. Por ello se dirigen a la "Sala de Reuniones 1".
La profesora le pide que se siente. Más tarde Egoime no recordará prácticamente nada de lo que hablaron allí.. Recuerda las lágrimas que por una vez no intentó hacer desaparecer, recuerda que habló en un tono demasiado alto, que dijo cosas inconvenientes. recuerda que en algún momento comenzaron a usar metáforas sobre baldosas, que la profesora le animó para estudiar en verano, que le dijo que confiaba en sus capacidades, que podía aprobar y varios rollos para animarla, mezclados con críticas por haber abandonado la asignatura, haber faltado demasiado, haber ido a clase y no sacar ni el cuaderno. Recuerda el tono de voz de Teresa cuándo le dijo que pidiera prestado el cuaderno a alguno de sus compañeros, pues en clase había gente que lo tenía muy completo, y sus propios pensamientos gritando con histerismo que no había nadie a quien se lo pudiera pedir. Recuerda que no acabó de calmarse en todo el rato, pero al final decidió que estaban alargando demasiado la conversación e intentó acabar lo antes posible. Recordó la sensación amarga de saber que no tiene nada, o casi nada, que reprochar a esta profesora, y saber que se está limitando a descargar su rabia contra ella, sin saber cómo volver atrás y remendar tal error.
Y recuerda, finalmente, haber salido entre lágrimas mal llevadas de la pequeña sala.
Buscó primero al profesor de Dibujo, quien se merecía todas sus quejas... había tenido la ocurrencia de suspenderla a pesar de haber entregado 11 trabajajos de recuperación bastante aceptables,
(27 de Junio del 2007)

